La negociación secreta entre Macri y Lavagna que terminó en fracaso

En aquellos primeros días de 2013, la orden fue precisa y salió de boca del propio jefe. «Vean hasta dónde pueden llegar». Emilio Monzó y Humberto Schiavoni, entonces responsables del armado nacional de Pro, cumplieron con la indicación de Mauricio Macri y se reunieron de manera discreta y reservada con Roberto Lavagna, por entonces retirado de la actividad política y deseoso de una candidatura a senador que lo posicionara frente a las elecciones de 2015.

Aquella reunión, cuya sede fue el departamento de Monzó en pleno barrio de Recoleta, también tuvo como protagonista al lavagnista Rodolfo Gil, y fue el puntapié inicial de meses de idas y venidas que estuvieron cerca del acuerdo, pero terminaron en fracaso y caminos separados. Lavagna, finalmente, no fue candidato y el macrismo ganó aquellas elecciones con Gabriela Michetti y Diego Santilli como protagonistas excluyentes. Macri lanzó, la noche del triunfo, su candidatura presidencial, entre globos y música de Chano Charpentier, en Costa Salguero.

Lejos de las críticas cruzadas que se dedicaron esta semana, Macri y Lavagna tuvieron la disposición de enfrentar juntos al kirchnerismo en aquellos comicios porteños, hace seis años. En abril, Lavagna recibió en sus oficinas de la calle Carlos Pellegrini a una delegación del macrismo, entonces en el poder porteño. Algunos creen recordar que en ese cónclave estuvo el mismo Macri, interesado en ampliar su coalición y con la intención de ofrecerle a Lavagna la cabeza de la lista de senadores nacionales por la Capital. «Pertenecemos a culturas políticas distintas, pero la negociación está encaminada», contaba por entonces a LA NACION uno de los miembros del entorno del economista, que no llegaba solo: lo acompañaban, además de hombres de su confianza, el líder camionero Hugo Moyano y el partido FE, de Gerónimo «Momo» Venegas,

El 1° de mayo las alarmas sonaron en Bolívar 1. Ese día, Macri y su secretario general, Marcos Peña, vieron por televisión una postal que los enfureció: Lavagna apareció en un acto del Día del Trabajador junto a peronistas «tradicionales», como José Manuel de la Sota, Felipe Solá y Francisco de Narváez, estos dos últimos, antiguos aliados del jefe de gobierno porteño.

Enojado, Macri mandó a cortar los contactos con el exministro de Néstor Kirchner. Lavagna días después se mostraba conciliador, sabedor de que las relaciones con sus futuros exsocios no eran las mejores. «Tenemos [con Macri] muy buen diálogo y puntos de mucho acuerdo», afirmaba en una entrevista con LA NACION, en la que, además, relativizó el enojo de su interlocutor, «porque hay cosas de las cuales ustedes, los periodistas, tienen que escribir».

Tentado por la posibilidad de una elección que lo catapultara a la pelea contra Cristina Kirchner en 2015, Macri dio el aval para volver a conversar. Pero todo naufragó definitivamente a fines de junio, cuando Peña y Monzó consideraron excesivos los pedidos de la contraparte: Lavagna encabezaba, claro, pero también quería lugares para varios de sus lugartenientes. «No construimos todo esto para regalárselo a Lavagna», afirmó Peña a dirigentes cercanos antes de dar por cerrada la negociación que, de haberse concretado, hubiera cambiado la historia.

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