El Gobierno asumió que puede perder las elecciones

Esta semana se produjeron dos novedades relevantes y de consecuencias político-electorales y económicas. La primera de las noticias importantes es que el optimismo macrista no es una patología o, al menos, no es una patología irreversible.

La segunda consecuencia, más importante y confirmatoria de la primera es que acaba de asumir que puede perder las elecciones . Pero, sobre todo, que puede perderlas porque cada día que se deteriora la economía se reduce el peso del pasado como factor de rechazo a la oposición y de adhesión al oficialismo.

El problema no es tanto la actualidad y el pasado inmediato, si no que éste sea un presente continuo declinante, que acreciente la insatisfacción e impida ofrecer un mejor futuro creíble para el electorado. Ya no preocupa solo el colapso sino la decrepitud.

Por eso, el Gobierno ensaya algunas decisiones (sería un exceso llamarla paquete de medidas) para tratar de reactivar el consumo y paliar el impacto que la estanflación está teniendo sobre la economía personal de los argentinos. Aunque probablemente su efecto real sea muy modesto.

Esas medidas también implican asumir que la alianza superestructural que llevó a Macri al Gobierno estaba resquebrajándose, no con riesgo de ruptura pero sí de afectar aún más su potencial electoral.

También, por eso dio señales a sus aliados, especialmente los radicales, para contenerlos y recuperar cierta cohesión interna indispensable para afrontar una larga y difícil campaña. De ahí a ofrecer la vicepresidencia hay un largo trecho, aunque menor que el que llevaría a hacer de Cambiemos una verdadera coalición de gobierno, superadora de la alianza electoral-parlamentaria de hoy.

La necesidad de cohesionarse excede a contentar a los radicales, ya que presiones y demandas tanto o más fuertes han provenido de los macristas más puros y con más poder territorial, como María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta . Ellos tanto como Rogelio Frigerio han padecido en carne propia los reclamos sociales. Desventajas de los que están más en el territorio que en los despachos y no bajan blindados al llano.Encuestas negativas

En el plano nacional, el Gobierno tiene encuestas que pronostican derrotas para Macri tanto en las PASO como en la primera vuelta. Hoy la diferencia sería de unos cinco puntos para Cristina Kirchner , que es hasta hoy la adversaria deseada.

Lo complicado para el oficialismo no es que haya debido enterrar el ilusorio escenario de lograr la reelección sin necesidad de ir al ballottage.

Para el Gobierno, lo más inquietante es que ya caducó el axioma de que Cristina no le podría ganar a Macri en la segunda vuelta. El empate técnico que pronostican esos números, en el mejor de los casos, implica un peligroso cambio de tendencia.

Todo eso explica el flamante realismo del Gobierno. Comprendió que ya no es suficiente ser la contracara del pasado kirchnerista. No sólo porque ya tiene su propio pasado (casi una gestión entera de Gobierno) que construyó un presente demasiado poco halagüeño para la mayoría.

Entendió también que no basta con lo hecho en lo institucional y en obras de infraestructura para compensar estos males y, mucho menos, para construir una ilusión de futuro.

Aunque parezca increíble, el golpe al optimismo y este naciente realismo del necesitó para plasmarse que el Presidente y el jefe de Gabinete vieran el resultado de las sondeos y focus group que les acercó Jaime Durán Barba .

Allí no quedan dudas: lo económico es la principal causa de la caída de Macri y sus asesores no tienen en ese terreno ningún horizonte confiable sobre el que elaborar el diseño de la campaña.

Ninguna de los pronósticos sobre inflación y crecimiento se ha cumplido. Cada mes se les corre más el arco. Ese es el problema que el consultor pidió atacar con los números en la mano.

Por eso, Durán Barba fue duro con el equipo económico por las fallidas previsiones. En la Casa Rosada cuentan que Hacienda retrucó con argumentos técnicos. Fuero momentos de tensión en un ámbito donde no se acostumbra a golpear la mesa.

El problema para el equipo de Dujovne es que, como diría Marcos Peña , las explicaciones sólo las escucha el círculo rojo. No «la gente». Y «la gente» es la que define las elecciones.

Si el inquietante presente y el imprevisible futuro difuminan el temor al pasado, los problemas para el Gobierno se agravan en tiempos de campaña.

Ahora el desafío es acertar con las medidas económicas para que no lleguen demasiado tarde y lleven algo de tranquilidad a la sociedad, sobre todo a las clases medias de las que depende la suerte de Macri, como ningún otro candidato.

También necesita el Gobierno que se mantenga la liquidación de las exportaciones de granos para quitarle presión a la demanda de dólares. La AFIP está ilusionada con los primeros resultados que arroja la percepción de derechos de exportación, las famosas retenciones. La credibilidad y la confianza en la gestión económica (insumos que no abundan) son claves para que la tendencia persista.

Todos los consultores económicos admiten que el principal riesgo es el de una mayor dolarización de la economía. Si el Gobierno no acierta, Cristina puede seguir creciendo y si Cristina sigue creciendo y Macri decayendo, aumentarán las chances de que se presente y vuelva. Ese escenario sólo haría que el riesgo de inestabilidad cambiaria se incremente. El maldito circulo vicioso, que tanto desvela.

Eso explica que el Gobierno aplique realismo extremo para intentar recrear ilusiones. Lo contrario sería letal.

LA NACIÓN

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